miércoles, 11 de diciembre de 2013

Borges



Así es la imagen que tengo de Borges. En la que pienso cada vez que se lo nombra. La que sigue dando la vuelta al mundo y seguirá. Así. Sentado. De saco y corbata y manos cruzadas sobre el bastón que al andar lo sostiene. Y hay que ser gallardo, me digo, para sostener a alguien tan inmenso como el viejo. A esa edad esencial: sesenta y nueve, setenta. La frente amplia, el párpado el derecho caído,  la vista alta, ida. Siempre viendo porque a mí se me hace cuento que Borges no veía, pero sin ver.

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