jueves, 16 de abril de 2015

El teatro derriba muros

Ni Maximiliano ni el resto de sus compañeros se sienten ya intimidados. Dejó de ser así el día en que la conocieron a Busquiazo, se entusiasmaron con el guión y se animaron a actuar. De modo que ahora, dos de la tarde, Maximiliano vestido rosa, zapatos de tacón, pelo negro y largo sale a escena.
—Esta obra de teatro está por comenzar dice, estirando la frase. Y pasea, lenta, la vista por la platea.
Hay risas, aplausos, movimiento de actores. Y el grupo entero, en semicírculo ya, grita a coro “Negros tenían que ser”.
Son ellos.
Integrantes de una compañía de teatro.
Reclusos todos del CRD.
Los mismos que alguna vez robaron o mataron y explican los motivos del delito con un argumento que los libera y, a la vez, los iguala: consumir, seguir consumiendo.
Psicofármacos, pasta base, marihuana.
Ellos.
Quince hombres de vidas cortas y prontuarios largos.
Sobre lo que el destino les depara, nadie sabe.

(Fragmento del texto publicado en la revista FronteraD, "El teatro derriba muros en el penal argentino de Ezeiza")

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